Marina Estaña (Barcelona, 1983) es una joven fotógrafa y profesora catalana que ha visitado recientemente Israel y Palestina en un viaje organizado por la asociación activista Nexes. Ha reunido veinticinco de sus instantáneas en un blog, Palestina-09, que se ha convertido en un éxito en la Red (a la izquierda, panorámica de la construcción del muro que separa los Territorios Ocupados de Israel). Marina ha contestado a algunas preguntas sobre su experiencia para Eurity. Cuéntanos en qué consistió el viaje. ¿Qué ciudades visitasteis?
En realidad el viaje es sólo una de las partes de un proyecto más amplio organizado por la asociación Nexes, que se ubica en el barrio del Raval de Barcelona. Se trata de una pequeña asociación sin ánimo de lucro que trabaja con una mínima infraestructura coordinando proyectos de cooperación a nivel local e internacional. En esta ocasión, el proyecto Amal-Tikva III (esperanza en árabe y hebreo) estaba destinado a profesores que, a partir de su propia experiencia en Palestina, del contacto con otros profesores y organizaciones de allí, pudieran desarrollar a la vuelta un trabajo de sensibilización en sus escuelas. Para ello visitamos tanto organizaciones palestinas como israelíes. Además estuvimos alojados en casas conviviendo con familias, que fue la forma más clara de entender qué significa la idea de resistencia para los palestinos.
Entramos en Israel por Tel Aviv, después de pasar los estrictos controles en el aeropuerto -no existe posibilidad de aterrizar en los Territorios Ocupados [denominación que recibe el área de Cisjordania y Gaza]. Tuvimos bastante suerte, y la verdad que durante todo el viaje, porque no nos hicieron demasiadas preguntas. En ocasiones, como le ocurrió a una compañera que había llegado unos días antes, los servicios secretos de Israel interrogan a los pasajeros ya en el aeropuerto de origen y si se viaja en pareja o en grupo registran e interrogan individualmente para contrastar las versiones de cada miembro.
En Tel Aviv estuvimos un par de días y desde allí nos trasladamos a Jerusalén. De Jerusalén a Belén y luego a Hebrón. Para volver estuvimos de nuevo unos días en Jerusalén, Haifa y Tel Aviv. Lo más importante, pienso, cuando uno viaja a Oriente Próximo es que rompe con todas las ideas preconcebidas en cuanto a las dinámicas sociales, a distinciones religiosas y políticas. No podemos entender su complejidad desde las estructuras con las que tendemos a simplificar la realidad. Por ejemplo, no todos los árabes son musulmanes (los hay cristianos, los hay judíos…) o no todos los judíos son sionistas.

Muro de las lamentaciones (Marina Estaña).
¿Cuál es la situación en la zona? ¿Cómo es la relación entre los colonos y los palestinos?
Estamos hablando de una superficie muy pequeña pero con contrastes brutales. Como es sabido la situación en Gaza es extremadamente preocupante: el bloqueo no permite la entrada de alimentos ni material para la reconstrucción tras la Operación Plomo Fundido que devastó la región hace poco más de un año. Sólo unas pocas delegaciones han conseguido permisos para entrar. La imagen que más puede describir ese lugar es la de una prisión o la de un campo de exterminio completamente cercado.
Estamos hablando de una superficie muy pequeña pero con contrastes brutales. Como es sabido la situación en Gaza es extremadamente preocupante: el bloqueo no permite la entrada de alimentos ni material para la reconstrucción tras la Operación Plomo Fundido que devastó la región hace poco más de un año. Sólo unas pocas delegaciones han conseguido permisos para entrar. La imagen que más puede describir ese lugar es la de una prisión o la de un campo de exterminio completamente cercado.
Cisjordania, en cambio, es un territorio fragmentado. Las colonias estratégicamente situadas y la construcción del muro aíslan poblaciones, dividen barrios e incomunican familias. La presencia de los checkpoints y el corte de carreteras convierten un trayecto de pocos metros para ir a la escuela en una odisea de horas y esperas. Los soldados del ejército israelí no ceden en su actitud prepotente y humillante ni siquiera ante la emergencia de un enfermo o de una mujer embarazada.
El estado de Israel ofrece numerosas ventajas que favorecen la migración de los hebreos diseminados por todo el mundo. De esta forma, y a pesar de que muchas colonias se construyen antes de que haya posibilidad de habitarlas, Israel consigue aumentar su población y también ocupar Cisjordania. Porque las facilidades económicas para residir en los asentamientos son muchas. En realidad, algunos residentes de estas colonias ni siquiera saben que están viviendo en ellas. Pero luego están los más radicales, aquellos que se instalan en los Territorios Ocupados por convicción ideológica. Sea como sea, la opinión generalizada entre los colonos es que su ejército no es suficientemente duro con los palestinos. Por eso suelen tomarse la justicia por su cuenta, si es que puede hablarse en estos términos. En las colonias, que poco tienen que ver con la idea de los kibutz de antaño, y donde cuentan con brigadas de vigilancia particulares, se organizan en grupos los días de fiesta para atacar las casas palestinas con piedras e incluso armas de fuego (en Israel están permitidas y un servicio militar obligatorio convierte las armas en algo cotidiano). Muchas veces utilizan a los menores en estos ataques porque no están tan penalizados por la ley. Y de todas formas, si las denuncias llegan realmente al juzgado, la legalidad es distinta para palestinos y para israelíes.

Checkpoint a las afueras de Belén (Marina Estaña).
¿Tuviste problemas con la cámara al hacer las fotos?
En ningún momento, aunque sí hay que llevar cuidado en determinadas ocasiones como a la hora de pasar los controles. En realidad, la cámara ejerce un gran poder de atracción sobretodo en los niños palestinos. Ellos saben muy bien que si eres extranjero esas imágenes viajarán y podrán ser una herramienta de denuncia. Es un honor para ellos que les fotografíes, además, porque no todos tienen cámaras en sus casas. Muchas veces es la forma más sencilla de entablar una conversación con ellos y de ahí fácilmente a organizar un partido de fútbol improvisado con cualquier objeto que cumpla las veces de pelota. Me invitaron a tomar el té en varias ocasiones a cambio de que fotografiara a todos los hijos de una familia.
En ningún momento, aunque sí hay que llevar cuidado en determinadas ocasiones como a la hora de pasar los controles. En realidad, la cámara ejerce un gran poder de atracción sobretodo en los niños palestinos. Ellos saben muy bien que si eres extranjero esas imágenes viajarán y podrán ser una herramienta de denuncia. Es un honor para ellos que les fotografíes, además, porque no todos tienen cámaras en sus casas. Muchas veces es la forma más sencilla de entablar una conversación con ellos y de ahí fácilmente a organizar un partido de fútbol improvisado con cualquier objeto que cumpla las veces de pelota. Me invitaron a tomar el té en varias ocasiones a cambio de que fotografiara a todos los hijos de una familia.
No ocurre lo mismo con los colonos. Evitan ser retratados, se enfadan y te gritan. Tu presencia les incomoda. Luego, como decía, hay que ser cauto en el aeropuerto porque cuando sales también registran todas tus pertenencias. Te preguntan dónde has comprado esto, aquello… y pueden borrar la información de las tarjetas.

Niño con kipà sentado delante de un comercio, Jerusalén (Marina Estaña).
¿Cuál es la reacción ante la visita de extranjeros en uno y otro pueblo?
No me gustaría generalizar, pero es cierto que en lugares como la ciudad de Jerusalén, ese contraste es muy palpable sólo con cruzar de un barrio a otro, por no decir en el caso de Hebrón, donde algunas de las calles están prohibidas a los palestinos. Precisamente en esta última ciudad fue donde, visitando la casa de un anciano, en el barrio de Tel Rumeida, sobre el tejado de la cual los soldados del ejército israelí habían instalado una garita de vigilancia permanente, unos niñitos de 4 o 5 años empezaron a tirarnos piedras sin más. Quiero resaltar la agresividad de la mayoría de los colonos, incluso de los niños colonos, que nada tiene que ver con el conjunto de la sociedad israelí, que está llena de matices. Cuando visitas las grandes urbes o la costa tú eres una turista más. Luego, si visitas zonas con alta concentración de judíos ultra-ortodoxos te sientes en otro mundo, sobre todo por ser mujer: puedes estar parada esperando que un semáforo se ponga verde y ves como a tu lado los hombres vestidos de negro impoluto, con sobrero y los peots, se apartan de ti porque si llegaran a tocarte luego tendrían que purificarse.
No me gustaría generalizar, pero es cierto que en lugares como la ciudad de Jerusalén, ese contraste es muy palpable sólo con cruzar de un barrio a otro, por no decir en el caso de Hebrón, donde algunas de las calles están prohibidas a los palestinos. Precisamente en esta última ciudad fue donde, visitando la casa de un anciano, en el barrio de Tel Rumeida, sobre el tejado de la cual los soldados del ejército israelí habían instalado una garita de vigilancia permanente, unos niñitos de 4 o 5 años empezaron a tirarnos piedras sin más. Quiero resaltar la agresividad de la mayoría de los colonos, incluso de los niños colonos, que nada tiene que ver con el conjunto de la sociedad israelí, que está llena de matices. Cuando visitas las grandes urbes o la costa tú eres una turista más. Luego, si visitas zonas con alta concentración de judíos ultra-ortodoxos te sientes en otro mundo, sobre todo por ser mujer: puedes estar parada esperando que un semáforo se ponga verde y ves como a tu lado los hombres vestidos de negro impoluto, con sobrero y los peots, se apartan de ti porque si llegaran a tocarte luego tendrían que purificarse.
La verdad es que sentí cierto alivio al sentarme en el avión y dejar Israel, pese a la magnífica gente que allí conocimos, porque es una sociedad absolutamente militarizada. No es nada tranquilizador pasear entre tanta gente armada. Además del despliegue de soldados, los jóvenes mientras realizan el servicio militar también tienen que llevar el fusil siempre consigo, aunque estén de vacaciones. Y ves muchísima gente con pistola, medio escondida, medio a la vista para lucirla. Te registran continuamente porque de eso se trata, de inculcar el miedo entre la población. Es muy desagradable.
¿Había presencia extranjera (observadores, equipo de la ONU, UE, etc.)? Si es así, ¿qué hacían? ¿Tuvísteis contacto con ellos?
En Hebrón, donde los colonos han ocupado parte del centro y los asentamientos rodean la ciudad, nos cruzamos con alguna de las patrullas de las TIPH (Temporary International Presence in the City of Hebron) que circulan por las calles. Su función es estrictamente la de observar e informar, lo cual no termina de gustar a los vecinos. Alegan que cuando la situación empeora ellos desaparecen. Visitamos algunas tiendas que habían sido saqueadas o inundadas por los colonos y los propietarios nos mostraron los informes que los miembros de las TIPH habían redactado… pero ahí queda todo, nadie paga por los destrozos.
Luego están los campos de refugiados, alguna escuela y centro sanitario que debían ser provisionales, construidos por la ONU a mediados del siglo pasado, y ésta es la presencia más notoria del organismo. Realmente éste es un conflicto, si bien muy televisado por su duración en el tiempo, con demasiados intereses estratégicos como para que la UE tome una determinación clara y contundente.

Tienda de shador, Jerusalén (Marina Estaña).
¿Qué perspectivas de futuro ves para el conflicto y ambos territorios?
Nadie que haya visitado los Territorios Ocupados y que haya conocido un solo testimonio de la opresión que recibe el pueblo palestino podrá pronosticar una resolución a corto plazo. Desde mi experiencia estoy convencida que una solución diplomática es totalmente inviable por el momento. Ya en 1949 se pactó una línea de armisticio, la llamada Línea Verde, y fue vulnerada de inmediato por Israel, que sigue incumpliendo sistemáticamente todos los acuerdos al margen de la legalidad internacional. El panorama político en los Territorios Ocupados tampoco es alentador. Para muchos palestinos las últimas elecciones que dieron la victoria a Fatah fueron un fiasco (un dato a tener en cuenta es que en la mayoría de ayuntamientos, por el contrario, gobierna Hamas). Cuando preguntas te suelen responder que se sienten desamparados. Aunque la imagen de Arafat está muy presente tanto en las calles como en las casas, muchos palestinos sienten que el actual gobierno hace uso de la figura del líder sin llevar a cabo una política de continuidad. El descontento es muy generalizado.
Nadie que haya visitado los Territorios Ocupados y que haya conocido un solo testimonio de la opresión que recibe el pueblo palestino podrá pronosticar una resolución a corto plazo. Desde mi experiencia estoy convencida que una solución diplomática es totalmente inviable por el momento. Ya en 1949 se pactó una línea de armisticio, la llamada Línea Verde, y fue vulnerada de inmediato por Israel, que sigue incumpliendo sistemáticamente todos los acuerdos al margen de la legalidad internacional. El panorama político en los Territorios Ocupados tampoco es alentador. Para muchos palestinos las últimas elecciones que dieron la victoria a Fatah fueron un fiasco (un dato a tener en cuenta es que en la mayoría de ayuntamientos, por el contrario, gobierna Hamas). Cuando preguntas te suelen responder que se sienten desamparados. Aunque la imagen de Arafat está muy presente tanto en las calles como en las casas, muchos palestinos sienten que el actual gobierno hace uso de la figura del líder sin llevar a cabo una política de continuidad. El descontento es muy generalizado.
Pienso que un punto de partida para empezar a trabajar está en la sociedad israelí. Buena parte de ella vive de espaldas al conflicto, ajena a lo que realmente ocurre a unos pocos kilómetros de sus casas. La propaganda y la manipulación de los medios es escandalosa y a ello hay que sumarle un servicio militar de varios años obligatorio para chicos y chicas que, además de irrumpir en plena etapa estudiantil, es un verdadero adiestramiento de millones de jóvenes. Lo curioso del caso es que la sociedad israelí, que se las da de progresista celebrando manifestaciones en favor de los derechos de gays y lesbianas, luego permite que aquellos jóvenes que se niegan a entrar en el ejército sean juzgados y condenados incluso a varios meses de prisión. Como dato esperanzador sí puedo comentar que pese a tanta adversidad, en Israel conocimos a activistas y organizaciones que hacen un trabajo increíble de difusión, de denuncia y de acción directa no-violenta (ICHAD, B’Tselem, AIC…).
Las manifestaciones de los viernes en distintas ciudades de Cisjordania también son un gran ejemplo de resistencia no-violenta. La actitud de la mayoría de la población palestina, lejos de fomentar odios y resentimientos, es admirable. Por eso creo que desde donde verdaderamente puede gestarse el cambio es desde la sociedad israelí, que ahora sólo vive mirando al Mediterráneo. Para ello hace falta también la presión de la comunidad internacional, por ejemplo, por medio de acciones de boicot. Y una implicación de la clase política, obviamente, que vaya más allá de las palabras y los gestos bonitos.
No es una cuestión fácil. Incluso aquí, por pronunciarte en contra de la colonización y de los planes de conquista del sionismo, pronto te tachan de antisemita. Ésta es la baza con la que injustamente juega Israel.
Más fotografías de Marina Estaña en el blog Palestina-09.
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