
Con qué facilidad olvidamos en esta Europa nuestra el legado de los mayores. Mejor dicho. Con qué ligereza despachamos herencias que nunca hemos conocido y, lo que me parece más grave, que jamás nos han interesado. Las bibliotecas están repletas de guías magistrales que ninguno ojea, como si los siglos que nos anteceden hubieran sido estériles y nadie, durante cientos de años, hubiera contribuido a allanar el camino.




