

De manera que en la fundación de los Estados Modernos, al tiempo que se adopta la aportación izquierdista de los liberales burgueses, levantados en las revoluciones del 30 y del 48 contra el Ancient Regime, en el sentido de que se elimina la idea de privilegio de clase, dando lugar a la fundación de la clase media, simultáneamente se denosta la aportación derechista de los futuros (entonces no lo eran para nada) conservadores: el liberalismo económico, entendido desde una óptica de lo privado (menos impuestos y más libertad de mercado).
¿En todas partes? Como diría Axterix, no. En todas, salvo un irreducible grupo de colonos ingleses, que simultáneamente al nacimiento de la modernidad en Europa, fundan (incluso antes: Virginia, 1776) su propia modernidad, asentada ya no en el Estado del bienestar, sino en la propiedad (de la tierra, de las cosas) como eje del estar-bien de sus clases medias. El resultado, dos siglos después, es un imperio consolidado (Estados Unidos) con fracturas sociales (50 millones de personas sin asistencia médica garantizada) versus un imperio fragmentado (Europa) sin fracturas sociales. Ambos en crisis de modelo de crecimiento, y por tanto, de distribución de la riqueza.
No sería de extrañar que, ante la crissi, Europa se fuera alejando de sus orígenes, y por tanto, acercando a America; y que America se fuera alejando de sus orígenes, y por tanto, acercándose a Europa. En esa línea leemos los euroactivistas el discurso de Obama sobre sanidad de ayer.

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