Recorro asombrado la Plaza de los Milagros y a la vuelta de la esquina me encuentro con el consabido McDonalds de turno en lugar de máxima afluencia turística. El capitalismo sabe cómo vaciarte el bolsillo. Dentro del establecimiento, he de admitir que me dejo llevar por el folclore nazionale y la escenografía triunfalista con los colores de la bandera italiana y me decido por un McItaly. Una Monica Bellucci cualquiera me lo sirve con una sonrisa y además me regala el ketchup. Ale, ya he picado.Es curioso cómo el sistema permea hasta los rincones más insospechados del entramado institucional. En los carteles y en la caja de la hamburguesa se puede leer el patrocinio del mismísimo Ministerio delle Politiche Agricole, Alimentari e Forestali, con el escudito y la bandera tricolor y todo, lo cual sin duda calmará las dudas de cualquier madre preocupada sobre la cantidad de grasas que ingiere su bambino. Desde luego, yo me la como con una más bien inexistente sensación de culpabilidad (y está deliciosa, la verdad). Un momento, ¿no es esto pura mierda?, me pregunto aún así en un momento de duda. Si mal no recuerdo, hace un par de años el Gobierno ZP estaba dispuesto a emprender medidas legales para reducir la venta de comida basura. Sin embargo, éste otro la fomenta e impulsa como sana y encima buena para la economía. ¿Patriotismo capitalista? ¿Un movimiento astuto de la multinacional estadounidense? ¿Otra sorprendente manera de incrementar la popularidad de Il Cavaliere entre los italianos? ¿Somos nosotros los que decidimos comprar el McItaly o es el sistema el que nos mueve como a marionetas?
Y sobre todo, ¿qué representa para un país que su Gobierno cristalice lo nacional en una hamburguesa?
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