Tras la insólita fusión empresarial entre Telecinco (grupo empresarial controlado por el primer ministro Silvio Berlusconi), y el canal Cuatro del Grupo Prisa habrá que rastrear con lupa y cartabón lo que nos depara la línea editorial del diario El País de aquí en adelante, después de haber proclamado tantas veces su independencia en la cabecera y luego de haber vapuleado con tanta perseverancia al mandatario italiano.
Fotos orgiásticas (y nada relevantes por cierto) incluidas. Pero más allá de los meandros editoriales y de las vanas proclamas a las que lamentablemente nos hemos acostumbrado, esta boda arroja otras gravedades. No sólo por el desembarco italiano que afectará, y mucho, la línea editorial del grupo Prisa, ya de por sí pervertida por los intereses monetarios del grupo español en distintos países, fundamentalmente latinoamericanos, sino también porque las famosas sinergias empresariales se traducen al final en menos empleos y más precariedad laboral, lo que implica también una pérdida de independencia profesional. ¿Alguien hubiera apostado ayer mismo por una fusión de estas características, entre dos cadenas tan distintas en formatos y parrilla? Pues ha ocurrido. Muy, pero que muy preocupante el panorama mediático español. Sin alarmismos. Tan decidor, que la imagen que la sociedad española tiene de los periodistas empeora a marchas forzadas, en buena medida por la mayor vulnerabilidad profesional, pero también por la existencia de contenidos y programas televisivos que desprestigian la profesión, por no mencionar las presiones (tácitas y explícitas) que padecen los informadores a la hora de teclear o posicionarse frente al micrófono. Según relata una encuesta incluida en el Informe Anual de la Profesión Periodística facturado por la Asociación de la Prensa de Madrid, casi un 60% de los ciudadanos españoles tiene una imagen regular, mala o muy mala de los informadores, frente al 52, 5% registrado en 2008. Muchos factores están influyendo en el menoscabo de una profesión encargada de velar por el derecho fundamental a la información del que es depositario cualquier colectivo. Y lo grave es que nadie anima el debate, como si fuera un dato irrelevante. Eso sí, jueces, pilotos y controladores aéreos (trabajadores precarios donde los haya) protestan a cada rato por la conculcación de sus tenencias. Cosas veredes. También hoy.
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