
El régimen de Damasco no haría nada en caso de que el régimen iraní fuera atacado por los israelíes en aras de evitar que Irán desarrolle su programa nuclear y pueda fabricar armas atómicas. El juego de Siria no ha cambiado, e Irán tan sólo puede esperar bellas palabras de Damasco en caso de que sea atacado de una forma fulminante, algo que seguramente sucederá en las próximas semanas.
A medida que crece la presión contra Irán, que definitivamente se ha embarcado en un camino sin retorno hacia el desarrollo de su programa nuclear pero también hacia el totalitarismo más abyecto, el régimen sirio sigue mostrando la misma ambigüedad y sagacidad oriental de siempre. Por una parte, se muestra receptivo y abierto hacia el Occidente sin querer cerrar las puertas y, en la otra dirección, exhibe su firmeza en la defensa rotunda del régimen iraní, con el que siempre se entendió a las mil maravillas en un mundo árabe por lo general hostil a los persas y que siempre mira con un rabillo de desconfianza hacia Teherán.








