Tengo frescas en mi memoria las afirmaciones del entonces Canciller de Honduras, Dr. Carlos López Contreras, cuando afirmaba que el actual Secretario General de la OEA, con el torpe o malicioso manejo de la situación de Honduras, le había causado daño a la democracia, a Honduras y a la organización hemisférica.
En ese momento me pareció la opinión natural de un funcionario ofendido por el trato que la Secretaría de la OEA le estaba propinando a su país, trato abiertamente agresivo como oruga de panzer, que no guante de seda. Sin embargo, con el paso del tiempo, otras personas e instituciones de prestigio, comienzan a compartir algunas de sus afirmaciones.
Recientemente vio la luz un artículo del Washington Post sumamente crítico con la gestión del actual Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, porque la consolidación de la democracia –uno de sus postulados fundamentales—se ha visto sensiblemente deteriorado durante su gestión. Por supuesto que el artículo se refiere también al caso de Honduras en el cual tampoco sale bien librado, al afirmar que sus gestiones fueron contraproducentes e hicieron más difícil llegar a un arreglo democrático en ese país.
Pero es cuando aborda el tema del desmontaje de la democracia en países como Nicaragua y Venezuela cuando el artículo se vuele demoledor con Insulza al afirmar que en esos casos no ha hecho nada.
Las derivaciones de esas afirmaciones resultan evidentes: si una organización creada para consolidar la democracia en una región determinada no hace nada cuando ésta se ve amenazada en algunos sitios y cuando, en otros, actúa de manera contraproducente, la conclusión obligada es que sencillamente ha perdido su razón de ser o es hora de relevar a quien la dirige. Naturalmente, la culpable no es la organización en su conjunto.
La reacción de Insulza a este artículo ha sido propia de su manera particular de aplicar la sutileza y oficio diplomático: ha arremetido con su blindaje de acero contra lo que llama una campaña en su contra. Según él, quienes favorecían al gobierno de transición de Honduras la han emprendido en su contra para evitar su reelección en la OEA. Una argumentación simplista para un asunto que ciertamente no lo es.
El señor José Miguel Insulza calla algo que debe saber con toda seguridad: que el artículo citado está basado en un amplio informe elaborado por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos titulado “Multilateralism in the Americas: Let s Start By Fixing The OAS” y al parecer, rehuye mencionarlo porque lo deja muy mal parado, y prefiere evitar la osadía de afirmar que ese comité se inscribe en la campaña en contra de su reelección.
Ese informe de 24 páginas, anexos incluidos, subraya que la organización no está cumpliendo con sus propósitos fundamentales, incluyendo la promoción de la democracia y hace las recomendaciones que cita el Washington Post además de referirse ampliamente a la calamitosa situación financiera que atraviesa la OEA.
A nuestro juicio la reelección enfrenta serios aprietos, si es que existe en el continente voluntad de cambiar el peligroso rumbo actual de la OEA y rescatar algo del prestigio que en algún momento la animaron, especialmente a la luz de la competencia del grupo de Río y de Unasur, grupos que deliberadamente excluyen la participación de los Estados Unidos de América, principal contribuyente financiero de la OEA.
En la lectura del informe del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, lo que actualmente existe es una organización cuestionada, inmiscuida en temas que no son de su competencia y divoriada de los que sí lo son, una organización financieramente quebrada, en conflicto y con prestigio en picada. ¿Será eso lo que quieren los gobiernos del continente?

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